Me encuentro sentado mojando mis pies a la orilla de un charco de sueños en la luna, esperando que la estela de una estrella ilumine el cielo de este océano cósmico. Aquí el ocaso se vive a cada instante y al mismo tiempo nunca sucede, desde la luna las estrellas tienen otro olor, y el color del sol se transforma en un verde intenso debido al helio y otros gases que lo componen.
He venido viajando de sol en sol, buscando un lugar que sepa cobijarme, un lugar que sepa entender mi naturaleza. Es la fuerza de gravedad lo que no me ha dejado marcharme de este lugar, poder observar que todo cae de una forma más seductora, la capacidad de disfrutar cada detalle mientras todo cae lento y en ese momento entender su naturaleza proveniente del caos y la tranquilidad que chocan en un mismo mundo, es un placer indescriptible.
Vivir aquí ha hecho que mis sentidos se agudicen y he dejado casi por completo de foto sintetizar la luz del sol.
Las cascadas de recuerdos son el mejor lugar para limpiarme del polvo que liberan los meteoros que pasan por aquí, meteoros que de vez en vez me he dado el lujo de montar y cabalgar de estrella en estrella hasta llegar de regreso a mi cuna; un cráter en la parte más obscura y fría de este satélite natural. Cada noche desconecto mi corazón y lo coloco en mi vasija de recuerdos perdidos, dejo que se humedezca hasta que despierte con ganas de sentirme humano.
Por: Oskard Dorado
amen hermano
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